REHABILITACION MUSCULOESQUELÉTICA. ARTROSIS. OSTEOPOROSIS.

Se estima que casi un tercio de la población española sufre alguna enfermedad del aparato locomotor.

El hecho de que las enfermedades articulares representen la mitad de todas las enfermedades crónicas en personas de 65 años o mayores, hace que se las considere uno de los problemas médicos más frecuentes, por su particular influencia en la salud y en la calidad de vida, en una población cuya edad va en aumento. Asimismo, produce un aumento en las demandas de recursos sanitarios.

A. La patología musculoesquelética probablemente sea la más prevalente que acude a los servicios de rehabilitación. Las enfermedades más frecuentes por regiones serían las siguientes:

  • Hombro: tendinopatías (tendinitis) del manguito rotador, inestabilidad, artrosis
  • Codo: epicondilitis lateral y medial (codo del tenista y del jugador de golf)
  • Muñeca y mano: tendinopatía de De Quervain, rizartrosis, dedo en resorte,
  • Cadera y pelvis: trocanteritis, síndrome piriforme, cadera en resorte, tendinopatía adductores o osteopatía pubis,
  • Rodilla: síndrome femoropatelar (o condropatia), osteocondritis, tendinopatia rotuliana, lesiones ligamentosas y meniscales,
  • Tobillo y pie: esguince tobillo, tendinopatía tibial anterior-posterior-peroneos, fascitis plantar.

Se empleará todas las técnicas diagnósticas y terapéuticas necesarias en rehabilitación individualizadas a la situación de cada paciente para conseguir la máxima recuperación funcional y calidad de vida de nuestros pacientes.

B. La artrosis o enfermedad articular degenerativa, es la enfermedad osteoarticular más prevalente en la raza humana, y la causa más frecuente de discapacidad en los Estados Unidos de América. Es una enfermedad dolorosa e incapacitante, cuya incidencia va en aumento y que genera importantes problemas socio-económicos por los costes y la invalidez que conlleva. Se caracteriza por una pérdida progresiva del cartílago articular, asociada a intentos de reparación y remodelación ósea.

Se ha observado en estudios necrópsicos, a partir de la segunda década de la vida, el inicio de cambios degenerativos del cartílago articular especialmente en las articulaciones de carga, que aumenta progresivamente con la edad, de manera que por encima de los 75 años es prácticamente constante.

La rodilla es una de las articulaciones que se encarga de la transmisión de cargas  y movimiento del miembro inferior, constituyendo la articulación más grande del cuerpo y quizás la más compleja, y es la tercera localización más frecuente de la artrosis, después de la columna y de la cadera.

Clásicamente, la artrosis se clasifica en primaria (idiopática) o secundaria. La artrosis se considera primaria cuando ocurre en ausencia de cualquier factor predisponente conocido. La artrosis es secundaria cuando existe un factor conocido y predisponente a su desarrollo (fractura previa, gota, diabetes mellitus, corticoides intrarticular, etc.).

Se han identificado varios factores de riesgo de desarrollo y de progresión de la artrosis, como la edad avanzada, sexo femenino, obesidad, inestabilidad de rodilla, lesión articular, meniscectomía, impactos repetitivos de alta energía o fuerzas de rotación, debilidad muscular, depósitos de cristales y determinadas medicaciones. Para los pacientes que ya presentan dolor y discapacidad en el momento de la primera visita médica, se puede pronosticar pocas posibilidades de mejoría, y se espera un deterioro progresivo.

En la mayoría de pacientes, la clínica, apoyada por los hallazgos radiológicos, es suficientemente característica para establecer con seguridad el diagnóstico de artrosis.

El tratamiento de la artrosis depende básicamente de la gravedad de la clínica. Su objetivo es disminuir el dolor e inflamación local y reducir la limitación funcional, para una mejoría de la capacidad de marcha, de la realización de las actividades de la vida diaria (AVD) y de la calidad de vida (CV). Debe planearse de forma individualizada y en base a la comorbilidad de cada paciente, como la hipertensión arterial, cardiopatía, úlcera gastro-duodenal y enfermedad renal o hepática, que influirán en la prescripción farmacológica. Antes de plantear el tratamiento del paciente, el médico debe estar seguro del diagnóstico de artrosis, y haber descartado otras entidades clínicas.

El tratamiento, basado en medidas no farmacológicas, farmacológicas e intervenciones invasivas, debe partir de un abordaje centrado en el paciente (participación activa). Las medidas terapéuticas actuales iniciales y más aceptadas en el tratamiento de la artrosis incluyen la educación del paciente acerca de la historia natural de la enfermedad, medidas generales como pérdida de peso en pacientes con sobrepeso, realización de ejercicios de potenciación muscular, en especial de la musculatura estabilizadora de la articulación afecta, medidas de protección del impacto y ergonomía articular en artrosis de miembros inferiores, mejoría del funcionalismo cardiovascular general (natación, deambulación), ortesis (rodilleras, férulas, según la articulación) e  hidroterapia.

La rehabilitación puede restablecer la estabilidad de la articulación mediante la mejoría del dolor, la potenciación de la musculatura periarticular y aumentar la propiocepción. Se recomienda además que todos los pacientes participen en programas de bajo impacto de ejercicio aeróbico (caminar, nadar, bicicleta). Según la situación clínica del paciente se complementarán dichas medidas con tratamiento médico analgésico, condroprotección e infiltraciones.

Estas medidas requieren un alto índice de motivación y colaboración por parte del paciente, por lo que se deberá informar e insistir en su eficacia, así como animar en su realización pudiendo coadyuvar a otras modalidades terapéuticas como el tratamiento farmacológico.

Cada vez se da más importancia a la detección de la enfermedad en estadíos preradiológicos, y a intentar actuar sobre prevención (sobrepeso, obesidad, modificar el estilo de vida) primaria y secundaria.

C. Rehabilitación de la osteoporosis

Es una enfermedad esquelética que se caracteriza por una disminución de la densidad mineral ósea y deterioro de la microarquitectura ósea, que aumenta la fragilidad ósea y el riesgo de fracturas. Dicha patología tiene un efecto negativo sobre la independencia y la calidad de vida.

En España dos millones de mujeres sufren osteoporosis, lo cual supone una prevalencia de 26,1% mujeres de más de 50 años (Diaz Curiel et al; Med Clin 2001)

Se ha denominado la “epidemia silente del siglo XXI”, ya que en general y durante muchos años puede ser asintomática, y volverse sintomática en forma de pérdida altura progresiva, hipercifosis, restricción respiratoria, clínica derivada de fractura, como por ejemplo una fractura de cadera, asociada a dolor, discapacidad y mortalidad. El dolor podría existir antes de la fractura (fatiga o deterioro microarquitectura) y asociado a una densitometría mineral ósea baja (Cohen; J Clin Endocrinol Metabo 2009).

Se ha demostrado que tienen más probabilidad de morir aquellos pacientes de más de 50 años con fractura en los próximos 5 años (que los que no tienen fractura). (Biblioteca Cochrane Plus 2011).

Aunque no tan frecuentemente estudiada, los varones también pueden sufrirla y está raramente estudiada. Es tres veces menos común que en mujeres.

Es fundamental concienciar a las personas de la importancia del diagnóstico precoz de los pacientes con osteoporosis para fomentar la prevención y / o tratamiento de la misma, y de la elevada morbimortalidad de las fracturas osteoporóticas. La osteoporosis se asocia a peor calidad de vida en mujer posmenopáusica (con y sin fractura); también en hombre, y especialmente si tiene más de 2 fracturas.

La rehabilitación contribuye a la mejora del dolor, de la capacidad funcional así como de la percepción de la salud y calidad de vida.

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